Las mujeres están en minoría entre los funcionarios y los altos cargos del sector público estatal.
Para el primer reto planteado he escogido una noticia sobre la desigualdad en el empleo público estatal publicada en el diario digital Público en mayo de 2019, fecha en la que empecé a formar parte de la Administración General del Estado como funcionaria de carrera, por lo que me parecía interesante conocer las estadísticas sobre igualdad en esa fecha.
De todos los datos que aporta la publicación, las principales desigualdades evidenciadas se resumen en los siguientes titulares:
- En 2017, el 68% de los efectivos al servicio del sector público estatal eran hombres, y el 32%, menos de la mitad, eran mujeres. Y esto se manifiesta por igual tanto en el ámbito administrativo como en el no administrativo.
- "En nueve de los trece ministerios que existían en 2017 había más mujeres que hombres, pero el balance global era favorable a estos últimos, que ocupaban un 71% de los 295.387 puestos de trabajo", porque el Ministerio del Interior, del que dependen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado donde la presencia masculina es muy superior, contaba con más de 180.000 trabajadores.
- La diferencia entre hombres y mujeres en el sector público estatal administrativo también es cualitativa: ellos copan 214.542 de las 308.773 plazas de funcionarios, mientras que ellas son mayoría en el colectivo de contratados laborales (44.587 sobre un total de 85.000). "En el grupo de altos cargos, la brecha es casi de dos a uno: 202 hombres y sólo 105 mujeres".
Estos titulares nos dejan ver cómo aún queda mucho camino por recorrer en un sector donde están reguladas y deberían aplicarse las medidas y políticas de igualdad.
Si ponemos el foco en la desigualdad generada por la abrumadora presencia masculina en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, se puede establecer una relación directa con la socialización de niños y niñas, dado que desde pequeños se fomenta a los niños con juegos de policías o guardias civiles, y actitudes autoritarias y de poder, mientras que los juguetes para niñas no suelen estar relacionados con ese sector, si no que van orientados a los cuidados de la familia y el hogar y, además, apenas se les muestran referentes femeninos en dichos puestos de trabajo, a pesar de que la incorporación de la mujer en esos sectores tuvo lugar hace más de 30 años.
Por otro lado, también me resulta alarmante la brecha entre mujeres y hombres en el grupo de altos cargos. En este caso, el origen podría estar en la maternidad y en como las obligaciones de crianza y cuidados de la familia y el hogar hacen que la carrera profesional de las mujeres se vea interrumpida. Dichos "deberes familiares" deberían ser compartidos por hombres y mujeres, sin embargo, son éstas últimas las que, por lo general, cargan con ello (normalmente a raíz del embarazo y la lactancia, ligados biológicamente a la mujer) y ven frenadas sus posibilidades de carrera laboral. Esto último es aplicable a cualquier sector laboral, no sólo al sector público, y se ve igualmente reflejado en la diferencia cualitativa de tipos de puesto de trabajo de que habla la noticia.
De nuevo, creo que es una cuestión de educación. Aunque el embarazo sea una cuestión intrínseca de las mujeres, todo lo demás que conlleva la maternidad no tiene porqué serlo. Es decir, si enseñamos a nuestros jóvenes que la crianza, el cuidado y el mantenimiento del hogar es independiente del género, asumirían responsabilidades por igual, repartiéndose las tareas entre ambos sexos e igualando las posibilidades de carrera laboral.
Esta noticia me ha hecho conocer el panorama de la Administración desde un punto de vista que no me había planteado, aunque sí lo había visto manifestado en mi corta carrera profesional como funcionaria. Espero poder ver cómo las cifras se igualan durante el resto de mi trayectoria laboral en el Sector Público.
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